Tratamiento del agua en torres de refrigeración: incrustaciones, corrosión y biocidas

Una torre de refrigeración enfría el agua de un proceso o de un sistema de climatización evaporando parte de ella. Esa evaporación tiene un efecto secundario: las sales del agua se quedan y se concentran. Además, el agua está tibia, al aire libre y con nutrientes, una combinación ideal para que crezcan algas y bacterias.

El resultado, si no se trata, son tres problemas que se retroalimentan: incrustaciones, corrosión y crecimiento biológico. En esta guía te explicamos cómo se controlan y qué conviene vigilar, ya sea en una industria o en un edificio técnico.

Los tres problemas de una torre sin tratar

Incrustaciones

Los carbonatos y sulfatos de calcio y otras sales precipitan cuando el agua se calienta y se concentra. Forman depósitos duros en el relleno, en las tuberías y en los intercambiadores que:

  • Reducen la transferencia de calor y, con ella, la eficiencia del sistema.
  • Aumentan el consumo de energía.
  • Obstruyen el paso del agua y del aire.

Un pH alto favorece la formación de incrustaciones. Algunas sales, como la sílice, son especialmente difíciles de controlar.

Corrosión

El agua en contacto con el metal provoca una corrosión de tipo electroquímico que se intensifica cuando aumenta la conductividad, es decir, cuando hay más sales disueltas. Los materiales como el cobre de los condensadores requieren inhibidores específicos.

Ensuciamiento y crecimiento biológico

La materia suspendida (polvo del aire, partículas), los aceites, las algas y las bacterias:

  • Forman depósitos y biopelícula en las superficies.
  • Reducen el flujo de agua y de aire.
  • Disminuyen la eficiencia térmica.
  • Crean el entorno donde pueden proliferar microorganismos como la Legionella.

Te lo contamos en detalle en nuestra guía sobre el biofilm en instalaciones de agua.

Cómo se controla: cuatro herramientas

1. Purgas y control de ciclos

Al evaporarse el agua, los sólidos disueltos se concentran. La purga extrae agua de la torre para mantener esa concentración dentro de un límite. Lo que se llama «ciclos de concentración» mide cuánto se concentra el agua respecto a la de aporte: cuantos más ciclos, menos agua se gasta, pero más riesgo de incrustación y corrosión. El equilibrio depende del agua de aporte y de la instalación.

La purga puede ser continua o intermitente y suele controlarse con un conductímetro que la activa cuando la conductividad supera un valor de consigna.

2. Inhibidores de incrustación

Son productos que mantienen las sales en disolución o impiden que formen depósitos duros. Entre las familias más habituales están los fosfonatos, los polifosfatos y los dispersantes. En aguas muy duras también se puede recurrir a un ajuste del pH.

3. Inhibidores de corrosión

Forman una película protectora sobre el metal. Se eligen según los materiales del circuito: por ejemplo, los azoles protegen el cobre de los condensadores. La elección debe respetar la normativa medioambiental y de seguridad aplicable.

4. Biocidas y biodispersantes

Controlan el crecimiento biológico. Se usan:

  • Biocidas oxidantes, como el cloro o el hipoclorito.
  • Biocidas no oxidantes, como los amonios cuaternarios.
  • Biodispersantes, que ayudan a despegar y arrastrar la biopelícula.

Lo habitual es alternar o combinar productos y aplicar tratamientos de choque cuando es necesario, para evitar que los microorganismos se adapten. Los productos oxidantes deben dosificarse con cuidado, porque un exceso puede dañar materiales como la madera, el relleno o los metales de la torre.

Qué parámetros conviene controlar

Un programa de tratamiento se apoya en el control analítico de:

  • Conductividad del agua de la torre y del agua de aporte.
  • pH.
  • Dureza y alcalinidad.
  • Residual de biocida e inhibidores.
  • Control microbiológico del agua.
  • Estado del relleno, balsa y tuberías, mediante inspección visual.

Los valores objetivo dependen de la instalación, del agua de aporte y de los productos empleados, y deben definirlos los técnicos que diseñan el programa.

La dosificación importa tanto como el producto

Un producto bien elegido pero mal dosificado no funciona: o sobra y corroe, o falta y no protege. Por eso los programas de tratamiento se apoyan en sondas, controladores y bombas dosificadoras bien calibradas. En este artículo explicamos qué pasa cuando una bomba dosificadora está mal calibrada.

Más allá del tratamiento: la legionela

Una torre de refrigeración es una instalación con riesgo de proliferación de Legionella, por lo que, además del tratamiento químico, debe cumplir la normativa sanitaria. El tratamiento es una parte del plan de prevención y control, que incluye también mantenimiento, limpieza y desinfección, análisis y formación del personal. Consulta nuestra guía sobre el plan de prevención y control de legionela.

Señales de que tu programa necesita revisión

  • Depósitos en el relleno, la balsa o los intercambiadores.
  • Subida del consumo energético o pérdida de capacidad de refrigeración.
  • Coloración, olor o limo en el agua de la balsa.
  • Fugas o signos de corrosión.
  • Dosificación irregular o consumo de producto fuera de lo normal.
  • Cambios en el agua de aporte o en la carga térmica.

Torres de refrigeración con Quiprocalt

En Quiprocalt hacemos el mantenimiento de torres de refrigeración en instalaciones industriales y edificios técnicos de Tarragona, Barcelona y Lleida: control de incrustaciones y corrosión, limpieza de circuitos y componentes, ajuste de parámetros del agua y prevención de riesgos técnicos y sanitarios. Además, fabricamos productos químicos adaptados a cada instalación. Si quieres que revisemos tu torre, contacta con nosotros.

Preguntas frecuentes

¿Por qué una torre de refrigeración necesita tratamiento químico? Porque la evaporación concentra las sales y favorece incrustaciones y corrosión, y porque el agua tibia y expuesta al aire favorece el crecimiento biológico.

¿Qué son los ciclos de concentración? Indican cuánto se concentran las sales en el agua de la torre respecto al agua de aporte. Más ciclos ahorran agua pero aumentan el riesgo de incrustación y corrosión.

¿Basta con añadir cloro? No. El cloro controla parte del crecimiento biológico, pero no evita incrustaciones ni corrosión, y un exceso puede dañar materiales. Un programa completo combina varios productos.

¿El tratamiento químico sustituye a la limpieza y desinfección? No. Son complementarios. La limpieza y desinfección periódicas forman parte del plan de prevención de legionela.

¿Cada cuánto hay que revisar el programa? Siempre que cambie el agua de aporte, la carga térmica o la instalación, y de forma periódica dentro del plan de mantenimiento.

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